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El Presidente de la República Dominicana es el jefe de Estado y de Gobierno de la República Dominicana. El sistema presidencial se estableció en 1844, tras la proclamación de la república. El cargo corresponde a la más alta magistratura del pa�s, al funcionario público de mayor jerarqu�a y a la figura pol�tica más destacada de la nación. El Presidente de la República Dominicana encabeza y ejerce el Poder Ejecutivo de la nación y es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, la Polic�a Nacional y los organismos de seguridad del estado.
El Presidente de la República Dominicana recibe el trato protocolario de Excelent�simo Señor Presidente o Su Excelencia, durante su tiempo en el puesto. Su domicilio oficial es el Palacio Nacional.
La Constitución vigente de la República Dominicana (modificada última vez en 2010) establece los requisitos, los derechos y las obligaciones que debe cumplir el Presidente de la República.
En la actualidad, el cargo es ejercido por un per�odo de cuatro años sin posibilidad de reelección inmediata. Luego de un per�odo constitucional, como m�nimo, quien haya ejercido el cargo puede volver a postular. El cambio de mando se realiza cada cuatro años, el 16 de agosto, que es el d�a de la Restauración de la República y por consiguiente d�a festivo nacional.
El actual Presidente de la República es Leonel Fernández Reyna, del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), quien cumple su segundo periodo consecutivo desde el 2004 tras ser reelecto para el periodo 2008-2012. Ha ocupado la Presidencia de la República Dominicana en otras dos ocasiones, en los periodos constitucionales 1996-2000 y 2004-2008.
Las próximas elecciones presidenciales están programadas para tener efecto el d�a 16 de mayo2012.
FACULTADES DEL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA DOMINICANA
Las Facultades y Poderes del Presidente de la República emanan de la Constitución de la República, asignadole deberes como Jefe de Estado y Jefe de Gobierno, entre los cuales estan:
Es el Jefe de la Administración Pública, Jefe Supremo y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, la Polic�a Nacional y los organismos de seguridad del Estado.
Nombrar a los Ministros y Vice-Ministros del Gobierno, aceptar sus renuncias y removerlos, asi como nombrar otros cargos oficiales cuya nominación no sea facultad de otro Poder del Estado reconocido por la Constitución de la República o las Leyes.
Promulgar y hacer publicar las leyes y resoluciones del Congreso Nacional y cuidar de su fiel ejecución. Expedir reglamentos, decretos e instrucciones cuando fuere necesario.
Dirige la Pol�tica Exterior del Pa�s.
Es el responsable de velar por la buena recaudación y fiel inversión de las rentas nacionales.
Nombrar, con la aprobación del Senado, los miembros del Cuerpo Diplomático, aceptarles sus renuncias y removerlos.
Recibir a los Jefes de Estado extranjeros y a sus representantes.
Presidir todos los actos solemnes de la Nación, dirigir las negociaciones diplomáticas y celebrar tratados con las naciones extranjeras u organismos internacionales, debiendo someterlos a la aprobación del Congreso, sin lo cual no tendrán validez ni obligarán a la República.
Disponer, en todo tiempo, cuanto concierna a las Fuerzas Armadas de la Nación, mandarlas por s� mismo o por medio de la persona o personas que designe para hacerlo, conservando siempre su condición de Jefe Supremo de las mismas; fijar el número de dichas fuerzas y disponer de ellas para fines del servicio público.
Depositar ante el Congreso Nacional, al iniciarse la primera Legislatura Ordinaria el 27 de febrero de cada año, un mensaje acompañado de las memorias de los Ministros del Gobierno, en el cual dará cuenta de su administración del año anterior.
Someter al Congreso, durante la segunda legislatura ordinaria, el proyecto de Presupuesto de Ingresos y Ley de Gastos Públicos correspondientes al año siguiente.
Conceder indulto, total o parcial, puro y simple o condicional, en los d�as 27 de febrero, 16 de agosto y 23 de diciembre de cada año, con arreglo a la ley.
Prohibir, cuando lo estime conveniente al interés público, la entrada de extranjeros en el territorio nacional.
Determinar todo lo relativo a la habilitación de puertos y costas mar�timas.
[editar]Requerimientos para ser Presidente de la República Dominicana
Según la Constitución de la República Dominicana de 1966, modificada en el año 2010 por la Asamblea Nacional, el Presidente debe ser dominicano por nacimiento, tener 30 años de edad, ser residente en la República Dominicana, estar en pleno ejercicio de sus derechos civiles y pol�ticos y no estar activo en el servicio militar y de polic�a por lo menos un año antes de la elección.
Este edificio aloja los salones de consejo de gobierno, despachos del Presidente, Vicepresidente y otros funcionarios. No es la residencia del Presidente de la República es el El Palacio Nacional sede del gobierno Dominicano, cuya construcción tuvo inicio el 27 de febrero del año 1944, con motivo del primer centenario de la Independencia Nacional.
[editar]Lista de presidentes de República Dominicana
La siguiente lista, esta organizada en orden cronológico, y esta dividida en cuatro repúblicas.
Francisco González Cruz (Secretario de Estado de las Fuerzas Armadas), presidente interino en:
1 de octubre de 1961 a 8 de octubre de 1961.
Consejo de Estado (Presidido por Joaqu�n Balaguer, Rafael F. Bonnelly, vicepresidente y Eduardo Read Barreras como segundo vicepresidente. Miembros: Mons. Eliseo Pérez Sánchez, Nicolás Pichardo, Luis Amiama Tió y Antonio Imbert Barreras)
1 de enero de 1962 a 16 de enero de 1962.
Junta C�vico-Militar (Presidida por Huberto Bogaert. Miembros: Armando Oscar Pacheco, Luis Amiama Tió, Antonio Imbert Barreras, Contralmirante Enrique Valdez Vidaurre (M. DE G.), Piloto Wilfredo Medina Natalio (Av. M.) y el Coronel Neit R. Nivar Seijas (E.N.).
16 de enero de 1962 a 18 de enero de 1962.
Consejo de Estado (Presidido por Rafael F. Bonnelly. Miembros: Eduardo Read Barreras, Mons. Eliseo Pérez Sánchez, Nicolás Pichardo, Luis Amiama Tió, Antonio Imbert Barreras y Donald Reid Cabral)
Junta Provisional de Gobierno (Formada por los Oficiales Superiores de las Fuerzas Armadas)
(V�ctor Elby Viñas Román, Mayor General E.N.; Renato Hungr�a Morel, General de Brigada E.N.; Atila Luna Pérez, General de Brigada F.A.D.; Julio Alberto Rib Santamar�a, Jefe de Estado Mayor M. de G.; Belisario Peguero Guerrero, P.N.; Félix Hermida, hijo, General de Brigada E.N.; Manuel Garc�a Urbáez, General de Brigada E.N.; Antonio Imbert Barreras, General de Brigada E.N.; Luis Amiama Tió, General de Brigada E.N.; Salvador A. Montás Guerrero, General de Brigada E.N.; Marcos A. Rivera Cuesta, Coronel E.N.; Ramón Eduardo Cruzado Piña, Coronel Piloto F.A.D.; Librado Andújar Matos, Capitán de Nav�o M. de G.; El�as Wessin y Wessin, General F.A.D.; Manuel Ramón Pagán Montás, Coronel E.N.; Braulio Álvarez Sánchez, Coronel E.N.; Juan N. Folch Pérez, Coronel Piloto F.A.D.; Andrés Germán Torres, Capitán de Nav�o M. de G.; José Mar�a Sánchez Pérez, Coronel Piloto F.A.D.; Carlos Mar�a Paulino Asiático, Teniente Coronel E.N.; Rafael Emilio Santana J., Teniente Coronel, F.A.D; Rubén Antonio Tapia Cesse, Coronel E.N.; Sergio de Js. D�as Toribio, Capitán M. de G.; e Ismael Emilio Román Carbucia, Coronel Piloto F.A.D.)
25 de septiembre de 1963 a 26 de septiembre de 1963.
Triunvirato (Presidido por Emilio de los Santos. Miembros: Manuel Enrique Tavares y Ramón Tapia Espinal)
26 de septiembre de 1963
Donald Reid Cabral Presidente. Miembros; Manuel Enrique Tavares y Ramón Tapia Espinal.
28 de diciembre de 1963 a 25 de abril de 1965.
Donald Reid Cabral Presidente. Miembros; Manuel Enrique Tavares y Ramón Cáceres Troncoso.
(Encabezado por los militares; Vinicio Fernández Pérez, Giovanni Gutiérrez Ram�rez, Francisco Caamaño Deñó, Eladio Ram�rez Sánchez y Pedro Bartolomé Benoit) 25 de abril de 1965. (De 10:30 am a 8:00 pm).
Gobierno de Reconstrucción Nacional (Presidido por Antonio Imbert Barrera. Miembros: Carlos Grisol�a Poloney, Alejandro Zeller Cocco, Bartolomé Benoit y Julio D. Postigo)
Al comenzar el siglo XX el territorio dominicano era un espacio prácticamente deshabitado con sólo tres comunidades que pod�an calificarse de ciudades: Santo Domingo, Santiago y Puerto Plata, cuyas poblaciones no alcanzaban los 10,000 habitantes.
Las v�as de comunicación del pa�s eran simples caminos de herradura inhabilitados para carruajes de cualquier tipo, por lo cual el transporte de mercanc�as ten�a que realizarse a lomo de bestias.
De Santiago a Montecristi el territorio estaba virtualmente desierto y apenas hab�a sido clareado por los cosecheros de tabaco de las aldeas de Quinigua, Navarrete, Mao y Guayub�n, y por los cortadores de madera en los alrededores de Montecristi.
Ten�a tan poca gente que era conocido como «el Despoblado de Santiago» y comprend�a toda la cuenca baja del r�o Yaque del Norte, casi enteramente cubierta de cactus y árboles de campeche, cambrón y otros árboles de madera dura propios del bosque seco y espinoso.
El territorio nacional ten�a grandes espacios sin explotar como las cordilleras, despobladas y cubiertas de bosques que apenas hab�an sido penetradas por algunos colonos asentados en sus valles intramontanos.
En agosto de 1900, uno de estos valles, Jarabacoa, todav�a estaba cubierto de pinos y cedros que apenas empezaban a ser explotados por algunos empresarios locales.
Las cuencas llanas de los r�os Camú y Yuna carec�an igualmente de habitantes y estaban cubiertas por tupidos bosques que alternaban con extensas sabanas donde pastaban grandes rebaños de ganado suelto, pues todav�a los pastizales no estaban protegidos con cercas; bosques completamente v�rgenes cubr�an las serran�as bajas de Yamasá y Los Haitises.
Las llanuras costeras del nordeste también eran boscosas y hasta entonces sólo algunos pioneros madereros se hab�an adentrado para explotar la caoba. Una vez deforestadas, estas llanuras fueron convertidas en plantaciones de caña de azúcar y bananos como ocurrió en las tierras cercanas a Puerto Plata a finales del siglo XIX.
La importancia de estas nuevas plantaciones puede medirse por su tamaño: en 1900 la finca bananera de la United Fruit Company en Sosúa ten�a sembradas 1.5 millones de plantas de guineo y la exportación a Estados Unidos en dicho año fue de 230,000 racimos para lo que se requirieron 17 barcos.
En las llanuras orientales los bosques también hab�an sido talados, no tanto para recuperar las maderas como para ocuparlas con plantaciones de caña de azúcar, como ocurrió en los llanos cercanos a Santo Domingo, Puerto Plata y las zonas aledañas a Azua, en el sur
En el suroeste todav�a prevalec�a la explotación del guayacán, la caoba y el campeche, en tanto que en el norte y el nordeste dominaban los cortes de caoba. La explotación del campeche y la caoba era la principal actividad económica de los habitantes de Montecristi y la L�nea Noroeste.
En La Vega operaban dos aserraderos que se abastec�an de los bosques de pino de las montañas cercanas que desaguaban en el r�o Camú, cuya rápida corriente ayudaba a transportar los troncos. En Santiago también hab�a otros aserraderos que procesaban pinos de la sierra que eran llevados a la ciudad haciéndolos flotar aguas abajo por las corrientes de los r�os Bao y Yaque.
Para crear plantaciones de café y cacao también se tumbaron grandes bosques en los alrededores de San Cristóbal, San Francisco de Macor�s, La Vega, Moca y Salcedo.
Las fincas de café se extendieron por las zonas húmedas de las montañas donde algunos hacendados desarrollaron grandes fincas, siendo rápidamente imitados por campesinos más pobres que descubrieron en el café un cultivo comercial que produc�a rendimientos crecientes cada año.
A principios del siglo XX, La Vega, Moca y San Francisco de Macor�s eran todav�a regiones ganaderas donde la crianza de reses y cerdos alternaba con una agricultura de subsistencia que era complementada con las cosechas de tabaco, café y cacao.
La principal región tabacalera del pa�s era Santiago de los Caballeros y sus campos vecinos -particularmente Tavera, Baitoa, Puñal, Canca, Licey, Tamboril, Gurabo y Quinigua- cultivados desde mediados del siglo XVIII y en los que habitaban numerosas familias campesinas conectadas con el mercado mundial a través de una complicada red de corredores, financieros y comerciantes que controlaban el comercio del tabaco.
Los grandes comerciantes de los principales pueblos del Cibao eran relativamente pocos: en 1900, por ejemplo, La Vega ten�a 11 casas comerciales importantes; en Santiago hab�a 28, en Puerto Plata 18 y nueve en Moca y en San Francisco de Macor�s.
Además de estas empresas, en estos pueblos exist�an otros negocios de distinto tamaño: Moca, por ejemplo, ten�a 190 establecimientos comerciales registrados y patentados por el Ayuntamiento; San Francisco de Macor�s ten�a 107; Santiago 356; Puerto Plata 191; mientras La Vega ten�a 100.
La mayor�a de estos establecimientos eran pequeños comercios o talleres atendidos casi siempre por sus dueños con ayuda familiar. En los pueblos del interior casi todos los comercios eran propiedad de dominicanos pero en los puertos principales, Santo Domingo, San Pedro de Macor�s, Puerto Plata y Sánchez hab�a un grupo visible de empresarios y firmas extranjeras que controlaban el comercio de importación y exportación y manten�an estrechos lazos con las principales casas comerciales de los pueblos del interior.
En cuanto al número de habitantes, estas poblaciones eran bastante pequeñas: en 1904 Santiago ten�a menos de 11,000 habitantes, en tanto que la población de Santo Domingo apenas llegaba a 17,000 personas ese mismo año.
Los demás poblados eran mucho más pequeños y ten�an pocas calles y casas, aunque Sánchez, Puerto Plata, La Vega, Azua, Montecristi y San Pedro de Macor�s se consideraban ciudades importantes por funcionar como centros de acopio y distribución de amplias regiones ganaderas, agr�colas, madereras o azucareras.
A pesar de su importancia económica, la población de cada una de estas «ciudades» no sobrepasaba 5,000 personas; eran centros poblados y conectados entre s� a través de una primitiva red de caminos de herradura que permit�an el paso de carretas en tramos muy cortos. Por ello, en muchas otras crónicas de esa época los escritores no cesaban de deplorar la falta de caminos carreteros.
En las zonas de plantaciones azucareras la situación era bien distinta debido a la existencia de los ferrocarriles que facilitaban la apertura de nuevas tierras a la agricultura comercial y permit�an el flujo rápido de mercanc�as y pasajeros. Sin los trenes no es posible explicar la revolución azucarera que convirtió las llanuras del este y el norte del pa�s en plantaciones cañeras.
Los ferrocarriles privados de las plantaciones bananeras de Sosúa y Sabana de la Mar también aceleraron la colonización de estas regiones previamente muy poco pobladas.
En 1905 hab�a 26 ingenios azucareros en las llanuras de Santo Domingo y San Pedro de Macor�s. Todos funcionaban con máquinas de vapor y algunos contaban con ferrocarriles. En los primeros ingenios el capital invertido fue de origen cubano, aunque en Puerto Plata hubo algunos inversionistas locales.
Posteriormente aparecieron capitalistas norteamericanos ligados a las firmas que compraban el azúcar dominicano, as� como empresarios alemanes, italianos y franceses. En 1905, la extensión de las tierras cañeras aumentó a 11,412 hectáreas; para entonces los ingenios contaban con 265 kilómetros de v�as férreas.
La Romana no era todav�a una zona productora de azúcar. Esta aldea, a orillas del r�o Dulce, viv�a entonces de la ganader�a y la producción de cacao, principalmente, as� como de la agricultura de v�vere.
El Presidente de la República Dominicana es el jefe de Estado y de Gobierno de la República Dominicana. El sistema presidencial se estableció en 1844, tras la proclamación de la república. El cargo corresponde a la más alta magistratura del pa�s, al funcionario público de mayor jerarqu�a y a la figura pol�tica más destacada de la nación. El Presidente de la República Dominicana encabeza y ejerce el Poder Ejecutivo de la nación y es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, la Polic�a Nacional y los organismos de seguridad del estado.
El Presidente de la República Dominicana recibe el trato protocolario de Excelent�simo Señor Presidente o Su Excelencia, durante su tiempo en el puesto. Su domicilio oficial es el Palacio Nacional.
La Constitución vigente de la República Dominicana (modificada última vez en 2010) establece los requisitos, los derechos y las obligaciones que debe cumplir el Presidente de la República.
En la actualidad, el cargo es ejercido por un per�odo de cuatro años sin posibilidad de reelección inmediata. Luego de un per�odo constitucional, como m�nimo, quien haya ejercido el cargo puede volver a postular. El cambio de mando se realiza cada cuatro años, el 16 de agosto, que es el d�a de la Restauración de la República y por consiguiente d�a festivo nacional.
El actual Presidente de la República es Leonel Fernández Reyna, del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), quien cumple su segundo periodo consecutivo desde el 2004 tras ser reelecto para el periodo 2008-2012. Ha ocupado la Presidencia de la República Dominicana en otras dos ocasiones, en los periodos constitucionales 1996-2000 y 2004-2008.
Las próximas elecciones presidenciales están programadas para tener efecto el d�a 16 de mayo 2012.
Contenido
FACULTADES DEL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA DOMINICANA
Las Facultades y Poderes del Presidente de la República emanan de la Constitución de la República, asignadole deberes como Jefe de Estado y Jefe de Gobierno, entre los cuales estan:[editar] Requerimientos para ser Presidente de la República Dominicana
Según la Constitución de la República Dominicana de 1966, modificada en el año 2010 por la Asamblea Nacional, el Presidente debe ser dominicano por nacimiento, tener 30 años de edad, ser residente en la República Dominicana, estar en pleno ejercicio de sus derechos civiles y pol�ticos y no estar activo en el servicio militar y de polic�a por lo menos un año antes de la elección.[editar] Residencia Oficial
Este edificio aloja los salones de consejo de gobierno, despachos del Presidente, Vicepresidente y otros funcionarios. No es la residencia del Presidente de la República es el El Palacio Nacional sede del gobierno Dominicano, cuya construcción tuvo inicio el 27 de febrero del año 1944, con motivo del primer centenario de la Independencia Nacional.[editar] Lista de presidentes de República Dominicana
La siguiente lista, esta organizada en orden cronológico, y esta dividida en cuatro repúblicas.[editar] Primera República
[editar] Anexión a España (gobernadores)
[editar] Segunda República
·
Manuel Altagracia Cáceres
·
José Antonio Hungr�a Morel
·
José Ramón Luciano
·
Francisco Antonio Gómez
18?-18?
18?-1890
18?-1883
·
En Santiago
·
Manuel Cáceres
Deogracia Linares
Idelfonso Pina
1829-1911
18?-?
·
Ulises Heureaux
·
Manuel Mar�a Gautier (1889-1893)
·
Wenceslao Figuereo (1893-1899)
[editar] Tercera República
- Horacio Vásquez
12 de julio de 1924 a 28 de febrero de 1930.- José Dolores Alfonseca (vicepresidente), presidente interino en:
2 de noviembre de 1929 a 6 de enero de 1930.- Rafael Estrella Ureña
23 de febrero de 1930 a 16 de agosto de 1930.- Jacinto Bienvenido Peynado (Secretario de Interior, Polic�a, Guerra y Marina), presidente interino en:
21 de abril de 1930 a 3 de junio de 1930.- Rafael Leónidas Trujillo Molina
16 de agosto de 1930 a 16 de agosto de 1934.- Rafael Leónidas Trujillo Molina
16 de agosto de 1934 a 16 de agosto de 1938- Jacinto Bienvenido Peynado (vicepresidente), presidente interino en:
1 de noviembre de 1935 a 1 de febrero de 1936.- Jacinto Bienvenido Peynado (Presidente t�tere)
16 de agosto de 1938 a 7 de marzo de 1940.- Manuel de Jesús Troncoso de la Concha (Presidente t�tere)
7 de marzo de 1940 a 18 de mayo de 1942.- Rafael Leónidas Trujillo Molina
18 de mayo de 1942 a 16 de agosto de 1942.- Rafael Leónidas Trujillo Molina
16 de agosto de 1942 a 16 de agosto de 1947.- Rafael Leónidas Trujillo Molina
16 de agosto de 1947 a 16 de agosto de 1952.- Héctor Bienvenido Trujillo Molina (Secretario de Guerra, Marina y Aviación), presidente interino en:
1 de marzo de 1951 a 1 de octubre de 1951.- Héctor Bienvenido Trujillo Molina
16 de agosto de 1952 a 3 de agosto de 1960.- Joaqu�n Balaguer
3 de agosto de 1960 a 31 de diciembre de 1961.- Francisco González Cruz (Secretario de Estado de las Fuerzas Armadas), presidente interino en:
1 de octubre de 1961 a 8 de octubre de 1961.- Consejo de Estado (Presidido por Joaqu�n Balaguer, Rafael F. Bonnelly, vicepresidente y Eduardo Read Barreras como segundo vicepresidente. Miembros: Mons. Eliseo Pérez Sánchez, Nicolás Pichardo, Luis Amiama Tió y Antonio Imbert Barreras)
1 de enero de 1962 a 16 de enero de 1962.- Junta C�vico-Militar (Presidida por Huberto Bogaert. Miembros: Armando Oscar Pacheco, Luis Amiama Tió, Antonio Imbert Barreras, Contralmirante Enrique Valdez Vidaurre (M. DE G.), Piloto Wilfredo Medina Natalio (Av. M.) y el Coronel Neit R. Nivar Seijas (E.N.).
16 de enero de 1962 a 18 de enero de 1962.- Consejo de Estado (Presidido por Rafael F. Bonnelly. Miembros: Eduardo Read Barreras, Mons. Eliseo Pérez Sánchez, Nicolás Pichardo, Luis Amiama Tió, Antonio Imbert Barreras y Donald Reid Cabral)
19 de enero de 1962 a 27 de febrero de 1963.- Juan Bosch
27 de febrero de 1963 a 25 de septiembre de 1963.- Junta Provisional de Gobierno (Formada por los Oficiales Superiores de las Fuerzas Armadas)
(V�ctor Elby Viñas Román, Mayor General E.N.; Renato Hungr�a Morel, General de Brigada E.N.; Atila Luna Pérez, General de Brigada F.A.D.; Julio Alberto Rib Santamar�a, Jefe de Estado Mayor M. de G.; Belisario Peguero Guerrero, P.N.; Félix Hermida, hijo, General de Brigada E.N.; Manuel Garc�a Urbáez, General de Brigada E.N.; Antonio Imbert Barreras, General de Brigada E.N.; Luis Amiama Tió, General de Brigada E.N.; Salvador A. Montás Guerrero, General de Brigada E.N.; Marcos A. Rivera Cuesta, Coronel E.N.; Ramón Eduardo Cruzado Piña, Coronel Piloto F.A.D.; Librado Andújar Matos, Capitán de Nav�o M. de G.; El�as Wessin y Wessin, General F.A.D.; Manuel Ramón Pagán Montás, Coronel E.N.; Braulio Álvarez Sánchez, Coronel E.N.; Juan N. Folch Pérez, Coronel Piloto F.A.D.; Andrés Germán Torres, Capitán de Nav�o M. de G.; José Mar�a Sánchez Pérez, Coronel Piloto F.A.D.; Carlos Mar�a Paulino Asiático, Teniente Coronel E.N.; Rafael Emilio Santana J., Teniente Coronel, F.A.D; Rubén Antonio Tapia Cesse, Coronel E.N.; Sergio de Js. D�as Toribio, Capitán M. de G.; e Ismael Emilio Román Carbucia, Coronel Piloto F.A.D.)25 de septiembre de 1963 a 26 de septiembre de 1963.
- Triunvirato (Presidido por Emilio de los Santos. Miembros: Manuel Enrique Tavares y Ramón Tapia Espinal)
26 de septiembre de 1963- Donald Reid Cabral Presidente. Miembros; Manuel Enrique Tavares y Ramón Tapia Espinal.
28 de diciembre de 1963 a 25 de abril de 1965.- Donald Reid Cabral Presidente. Miembros; Manuel Enrique Tavares y Ramón Cáceres Troncoso.
8 de abril de 1964;- Donald Reid Cabral Miembro; Ramón Cáceres Troncoso.
27 de junio de 1964 a 25 de abril de 1965;- Donald Reid Cabral, Presidente. "Comando Militar Revolucionario"
(Encabezado por los militares; Vinicio Fernández Pérez, Giovanni Gutiérrez Ram�rez, Francisco Caamaño Deñó, Eladio Ram�rez Sánchez y Pedro Bartolomé Benoit) 25 de abril de 1965. (De 10:30 am a 8:00 pm).- José Rafael Molina Ureña
25 al 27 de abril de 1965.- Junta Militar (Presidida por Pedro Bartolomé Benoit (F.A.D.). Miembros: Olgo Santana Carrasco (M. de G.) y Enrique A. Casado Salad�n (E.N.).
1 de mayo a 7 de mayo de 1965.- Francisco Caamaño Deñó
4 de mayo a 3 de septiembre de 1965.- Gobierno de Reconstrucción Nacional (Presidido por Antonio Imbert Barrera. Miembros: Carlos Grisol�a Poloney, Alejandro Zeller Cocco, Bartolomé Benoit y Julio D. Postigo)
7 de mayo de 1965 a 30 de agosto de 1965.- Héctor Garc�a Godoy Presidente Provisional
3 de septiembre de 1965 a 1 de julio de 1966.[editar] Cuarta República
- Joaqu�n Balaguer
1 de julio de 1966 a 16 de agosto de 1970.- Joaqu�n Balaguer
16 de agosto de 1970 a 16 de agosto de 1974.- Joaqu�n Balaguer
16 de agosto de 1974 a 04 de julio de 1978.- Silvestre Antonio Guzmán Fernández
16 de agosto de 1978 a 04 de julio de 1982.- Jacobo Majluta
04 de julio de 1982 a 16 de agosto de 1982.- Salvador Jorge Blanco
16 de agosto de 1982 a 16 de agosto de 1986.- Joaqu�n Balaguer
16 de agosto de 1986 a 16 de agosto de 1990.- Joaqu�n Balaguer
16 de agosto de 1990 a 16 de agosto de 1994- Joaqu�n Balaguer
16 de agosto de 1994 a 16 de agosto de 1996.- Leonel Antonio Fernández Reyna
16 de agosto de 1996 a 16 de agosto de 2000.- Rafael Hipólito Mej�a Dom�nguez
16 de agosto de 2000 a 16 de agosto de 2004.- Leonel Antonio Fernández Reyna
16 de agosto de 2004 a 16 agosto de 2008.- Leonel Antonio Fernández Reyna
16 de agosto de 2008 a 16 de agosto 2012CIUDADES DOMINICANAS ,PRINCIPIOS DEL SIGLO XX.
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Campos y ciudades dominicanas, 1900-1905
Al comenzar el siglo XX el territorio dominicano era un espacio prácticamente deshabitado con sólo tres comunidades que pod�an calificarse de ciudades: Santo Domingo, Santiago y Puerto Plata, cuyas poblaciones no alcanzaban los 10,000 habitantes.
Las v�as de comunicación del pa�s eran simples caminos de herradura inhabilitados para carruajes de cualquier tipo, por lo cual el transporte de mercanc�as ten�a que realizarse a lomo de bestias.
De Santiago a Montecristi el territorio estaba virtualmente desierto y apenas hab�a sido clareado por los cosecheros de tabaco de las aldeas de Quinigua, Navarrete, Mao y Guayub�n, y por los cortadores de madera en los alrededores de Montecristi.
Ten�a tan poca gente que era conocido como «el Despoblado de Santiago» y comprend�a toda la cuenca baja del r�o Yaque del Norte, casi enteramente cubierta de cactus y árboles de campeche, cambrón y otros árboles de madera dura propios del bosque seco y espinoso.
El territorio nacional ten�a grandes espacios sin explotar como las cordilleras, despobladas y cubiertas de bosques que apenas hab�an sido penetradas por algunos colonos asentados en sus valles intramontanos.
En agosto de 1900, uno de estos valles, Jarabacoa, todav�a estaba cubierto de pinos y cedros que apenas empezaban a ser explotados por algunos empresarios locales.
Las cuencas llanas de los r�os Camú y Yuna carec�an igualmente de habitantes y estaban cubiertas por tupidos bosques que alternaban con extensas sabanas donde pastaban grandes rebaños de ganado suelto, pues todav�a los pastizales no estaban protegidos con cercas; bosques completamente v�rgenes cubr�an las serran�as bajas de Yamasá y Los Haitises.
Las llanuras costeras del nordeste también eran boscosas y hasta entonces sólo algunos pioneros madereros se hab�an adentrado para explotar la caoba. Una vez deforestadas, estas llanuras fueron convertidas en plantaciones de caña de azúcar y bananos como ocurrió en las tierras cercanas a Puerto Plata a finales del siglo XIX.
La importancia de estas nuevas plantaciones puede medirse por su tamaño: en 1900 la finca bananera de la United Fruit Company en Sosúa ten�a sembradas 1.5 millones de plantas de guineo y la exportación a Estados Unidos en dicho año fue de 230,000 racimos para lo que se requirieron 17 barcos.
En las llanuras orientales los bosques también hab�an sido talados, no tanto para recuperar las maderas como para ocuparlas con plantaciones de caña de azúcar, como ocurrió en los llanos cercanos a Santo Domingo, Puerto Plata y las zonas aledañas a Azua, en el sur
En el suroeste todav�a prevalec�a la explotación del guayacán, la caoba y el campeche, en tanto que en el norte y el nordeste dominaban los cortes de caoba. La explotación del campeche y la caoba era la principal actividad económica de los habitantes de Montecristi y la L�nea Noroeste.
En La Vega operaban dos aserraderos que se abastec�an de los bosques de pino de las montañas cercanas que desaguaban en el r�o Camú, cuya rápida corriente ayudaba a transportar los troncos. En Santiago también hab�a otros aserraderos que procesaban pinos de la sierra que eran llevados a la ciudad haciéndolos flotar aguas abajo por las corrientes de los r�os Bao y Yaque.
Para crear plantaciones de café y cacao también se tumbaron grandes bosques en los alrededores de San Cristóbal, San Francisco de Macor�s, La Vega, Moca y Salcedo.
Las fincas de café se extendieron por las zonas húmedas de las montañas donde algunos hacendados desarrollaron grandes fincas, siendo rápidamente imitados por campesinos más pobres que descubrieron en el café un cultivo comercial que produc�a rendimientos crecientes cada año.
A principios del siglo XX, La Vega, Moca y San Francisco de Macor�s eran todav�a regiones ganaderas donde la crianza de reses y cerdos alternaba con una agricultura de subsistencia que era complementada con las cosechas de tabaco, café y cacao.
La principal región tabacalera del pa�s era Santiago de los Caballeros y sus campos vecinos -particularmente Tavera, Baitoa, Puñal, Canca, Licey, Tamboril, Gurabo y Quinigua- cultivados desde mediados del siglo XVIII y en los que habitaban numerosas familias campesinas conectadas con el mercado mundial a través de una complicada red de corredores, financieros y comerciantes que controlaban el comercio del tabaco.
Los grandes comerciantes de los principales pueblos del Cibao eran relativamente pocos: en 1900, por ejemplo, La Vega ten�a 11 casas comerciales importantes; en Santiago hab�a 28, en Puerto Plata 18 y nueve en Moca y en San Francisco de Macor�s.
Además de estas empresas, en estos pueblos exist�an otros negocios de distinto tamaño: Moca, por ejemplo, ten�a 190 establecimientos comerciales registrados y patentados por el Ayuntamiento; San Francisco de Macor�s ten�a 107; Santiago 356; Puerto Plata 191; mientras La Vega ten�a 100.
La mayor�a de estos establecimientos eran pequeños comercios o talleres atendidos casi siempre por sus dueños con ayuda familiar. En los pueblos del interior casi todos los comercios eran propiedad de dominicanos pero en los puertos principales, Santo Domingo, San Pedro de Macor�s, Puerto Plata y Sánchez hab�a un grupo visible de empresarios y firmas extranjeras que controlaban el comercio de importación y exportación y manten�an estrechos lazos con las principales casas comerciales de los pueblos del interior.
En cuanto al número de habitantes, estas poblaciones eran bastante pequeñas: en 1904 Santiago ten�a menos de 11,000 habitantes, en tanto que la población de Santo Domingo apenas llegaba a 17,000 personas ese mismo año.
Los demás poblados eran mucho más pequeños y ten�an pocas calles y casas, aunque Sánchez, Puerto Plata, La Vega, Azua, Montecristi y San Pedro de Macor�s se consideraban ciudades importantes por funcionar como centros de acopio y distribución de amplias regiones ganaderas, agr�colas, madereras o azucareras.
A pesar de su importancia económica, la población de cada una de estas «ciudades» no sobrepasaba 5,000 personas; eran centros poblados y conectados entre s� a través de una primitiva red de caminos de herradura que permit�an el paso de carretas en tramos muy cortos. Por ello, en muchas otras crónicas de esa época los escritores no cesaban de deplorar la falta de caminos carreteros.
En las zonas de plantaciones azucareras la situación era bien distinta debido a la existencia de los ferrocarriles que facilitaban la apertura de nuevas tierras a la agricultura comercial y permit�an el flujo rápido de mercanc�as y pasajeros. Sin los trenes no es posible explicar la revolución azucarera que convirtió las llanuras del este y el norte del pa�s en plantaciones cañeras.
Los ferrocarriles privados de las plantaciones bananeras de Sosúa y Sabana de la Mar también aceleraron la colonización de estas regiones previamente muy poco pobladas.
En 1905 hab�a 26 ingenios azucareros en las llanuras de Santo Domingo y San Pedro de Macor�s. Todos funcionaban con máquinas de vapor y algunos contaban con ferrocarriles. En los primeros ingenios el capital invertido fue de origen cubano, aunque en Puerto Plata hubo algunos inversionistas locales.
Posteriormente aparecieron capitalistas norteamericanos ligados a las firmas que compraban el azúcar dominicano, as� como empresarios alemanes, italianos y franceses. En 1905, la extensión de las tierras cañeras aumentó a 11,412 hectáreas; para entonces los ingenios contaban con 265 kilómetros de v�as férreas.
La Romana no era todav�a una zona productora de azúcar. Esta aldea, a orillas del r�o Dulce, viv�a entonces de la ganader�a y la producción de cacao, principalmente, as� como de la agricultura de v�vere.